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diciembre 08, 2013

misiva no. 7

[…] entonces entendí que nunca dejé el tiempo de todos los hombres. Por el contrario, jamás caminé por segundos ajenos (chistoso pensar que serían "ajenos" cuando habrían sido míos si hubiera caminado por ellos). También entendí que el tiempo a veces es tregua y otras veces no. De tregua en treguna pasan los segundos.

Pensé en lo revelador que a veces resulta ser lo que escribo. Pensé que mi peculiar falta de memoria (o más bien, falta de recuerdos) me va a llevar a una parte maravillosa. Pensé en lo difícil que fue dejar de pensar en el futuro y en la necesidad que siento ahora por hacerlo.

(Practicar ejercicios de pensar en el futuro con desapego)

La temporada de frío se me va mientras recuerdo el pasado: día por día, tregua por tregua. Identifico ahora cuando me encuentro en la parte oscura de la realidad, el reino de las arrebatadas fantasías. En esos momentos me gusta imaginar que caminas por alguna calle bonita y que sabes que estoy pensando en ti.

Me gusta imaginar que por los accidentados derroteros de mis treguas te encontraré otra vez, aunque sea para vernos, y para saber que no podemos entrar al presente que nunca ocurre, al tiempo que no es el tiempo de todos los hombres.

octubre 28, 2013

difference of data 01




Exploraciones sonoras a través de la programación. Este es mi primer experimento.

**El título de la serie difference of data se lo debo a mi querido Jekyll quien comentó en uno de nuestros viajes que "deberíamos hacer una canción así: one ou ou one one que se llame difference of data".

Que estos experimentos sean muestras de mi cariño y admiración.

octubre 11, 2013

decálogo incongruente de la persona exitosa

las personas exitosas tratan mal a la gente. las personas exitosas tratan muy bien a la gente, no hace falta dañar.

sus papás no ayudan a las personas exitosas. mentira, los padres ayudan por completo a las personas exitosas.

a las personas exitosas le toman fotos y siempre se ven bien.

las personas exitosas conocen mucha gente y todos los saludan.

las personas exitosas no tienen método.

las personas exitosas disfrutan cuando compran mucho.

las personas exitosas hablan mucho.

las personas exitosas mienten para convivir. las personas exitosas dicen lo que piensan y todos dicen que sí.

las personas exitosas no saben de dónde sale el éxito, tienen amigos influyentes que son amigos porque sí y no porque son exitosas, tienen una intuición que afilan con halagos y que por eso nunca desatinan, coleccionan miradas, no leen las noticias, saben dónde estar y cómo utilizar el color negro.

las personas exitosas...

enero 19, 2013

acto de hender



El frío que cala con

zoleta

soledad

y palabras dagas

pronunciadas heridas

ajenas palabras

magia inagotable

de antemano perdida

a prueba de muerte

a prueba de vida.

enero 05, 2013

misiva no. 5


Extraído de: http://shotsofbeautiful.com/
Vi una película que me hizo pensar en ti. Sé que tienes tiempo sin saber de mí, al mismo tiempo, no sé si pedir perdón por eso. Decidí dejar de escribir, una especie de silencio por el fallecimiento propio. Por respeto a mí dejé de escribir. Fui al mar, nadé la orilla, caminé lo hondo. Me quedé accidentado, dejé de dormir, comí pescado. Sin embargo, siento que este tiempo que vivo aún no es mío. He pensado en la lejanía, en los abandonos, en el desapego, en la soledad… ¿Qué significa todo este tiempo?, ¿para qué viene y se presenta así de irreverente? En ocasiones me alegro de que te hayas ido, en ocasiones pienso que yo no podría, que no soy capaz. En esos momentos, todo adquiere un poco más de coherencia. Una vez más el desasosiego es coherente ¿Tiene sentido? Cuando vuelvas te contaré más detalles. Cuando vuelvas, dejaré que te vayas.

Tuyo,
contingentemente.



octubre 12, 2012

misiva no. 3


Vine por ti pero no estás. Recargado en la puerta me ataca esa frustración y decido quedarme unos minutos para escribir este mensaje. No sé si voy a deslizarlo debajo de la puerta, no lo sé. Voy a intentar no escribir el "te" que le agrego al final de todos los verbos cuando hablo de ti. Intentaré utilizar al mínimo pronombres posesivos. Al final, nada nos separa porque nada nos une. La cosa es que quiero hacer las paces con el tiempo y supongo que es importante que tú lo sepas. Quería que me enseñaras la conjugación del verbo alegar y todos los usos del adjetivo enajenado. Te lo juro que venía a preguntarte. Si hubieras estado, hasta habríamos hablado de muebles y casas. Creo que habría comentado contigo mis parajes enciclopédicos deseados y al mismo tiempo prohibidos. Me habría callado para detallar cuando hablas, despacio, para que no se me olvide. Verás, olvido rápido aunque me cueste.

Anoche soñé contigo. Soñé que eras una sorpresa y que yo no te conocía y que llegabas de repente y ¡Bum! Ya te conocía y eras tú y yo agregaba el "te" final a todos los verbos porque Después... Después iba a mirarte, a cocinarte, a escribirte, a deletrearte, a besarte, te, te, te, te… tantas tes como tús y como yos había en mi sueño. Pero me desperté y quise venir a contarte todo. Qué bueno que no estás porque probablemente no lo habría dicho. Es que soy muy penoso y también tengo miedo. Creo que lo que más quería decir es esto: que me da miedo y que por favor no me espantes.

Supongo que ahora estás en algún sitio para cenar y escuchas la música que imagino, mientras también escribes un mensaje para mí. La cosa con las oraciones de mi vida es que no les faltan sujeto, sino complementos directo e indirecto. En fin, ya mejor dejo de escribir tanto y empiezo a caminar de regreso a mi ninguna parte, seguro pronto vas a llegar y yo no sabría responder por qué estoy aquí recostado en tu puerta escribiendo un mensaje. Ya sé que no me entiendes, sin embargo, pon en todos los silencios que quiero verte, que me gustas y que muero por saber que nada de esto es verdad. Eso: quiero saber que es mentira, que tú también lo eres y así nadie saldrá más dañado.

A veces quisiera ser más viejo, saber más ahora que conozco mis destrezas e ineptitudes. Es que la juventud tiene esta sañuda necesidad de relacionarlo todo con el amor, y yo, ya no estoy para estos reproches. Bueno, ahora sí mejor me voy. Tal vez otro día te cuente todo e incluso te lea esto. No es tan relevante de todas formas, hasta que empiece a escribir con “te” todos los verbos de mi vocabulario.

Tuyo,
apolínea y dionisíacamente.


septiembre 30, 2012


Algo hay. Algo se esconde en el tiempo y se asoma entre sus ojos cuando me ve.






septiembre 09, 2012

misiva no. 2

"Me gustaría quedarme aquí, así, contigo. Me gustaría que no pasara el tiempo"

Qué cosas tan lindas dices… que no pase el tiempo (mientras pensaba en aquel texto de Garibay)… Yo también desearía que el tiempo dejara de pasar, pero me  temo que pronto entrarás al tiempo y al espacio de todos los humanos.

Ahora, luego, Después, me pregunto: ¿puede el tiempo detenerse cuando se está lejos? La distancia no es solo mar, o tierra… también es tiempo.

Traspasado por deliquios pregunto por qué olvido la sonrisa que pones detrás de cada palabra… tarde veo y las repaso. Súbitamente no creo que son para mí, ni mucho menos que son mías. Lo repito mentalmente, y aún así, no llego a entenderlo.

Creo que necesitaba más de una semana para entender.

El tiempo entonces se quedará en silencio para poder, a veces, recordarnos. Toda esta energía que cuanto más enamorada, más la siento mía y no, permanecerá móvil: mitad sueño, mitad recuerdo.

Ajeno,
lamentablemente.

agosto 29, 2012

misiva no. 1

…y me encuentro, grito con desespero a mis habitantes que no me abandonen porque esto que es mío y no, es lo más parecido a una victoria eternamente fugitiva: siempre se desliza entre mis dedos que perdidos buscan un aquí (y un ahora) por toda la hidrografía acaudalada, salvaje y atrevida que los desvía. Hay un torrente de minutos que interpelan las motivaciones de la debilidad. No, no eres tú mi suma secuestrada o mi carta de recomendación. Eres, en tal caso, el espacio minúsculo que existe entre un segundo y otro.

¿Dónde aprendo a no escribir de desgracias, sino de eternidades amenas?

Tuyo,
hormonalmente.

febrero 22, 2012

vilipendio

El reloj apunta diez minutos para la una de la madrugada. Sólo faltan cuatro horas para comenzar mi día. Sin embargo, en lo único que puedo pensar es que no puedo escribir nada. No hace falta tanto vilipendio de mi parte, por eso leo las entradas anteriores y me parecen parte de un pasado tan lejano que difícilmente puedo recordarlo. Me duele la cabeza de tanto cansancio, quiero dormir pero no tengo sueño. Me tomo un té de nueve azahares, un elixir de las Nueve Hermanas que traerán a mí de nuevo tantas ganas de dormir y escribir. Acaricio mi rostro, repaso todos los pendientes, recuerdo: "no debes acostumbrarte nunca" y cuelgo en frente y a noventa grados de mí, entre las manos y la pared que me confronta, una tranquilidad que mira así de solitaria.

"No estás sola bonita" le digo con una media sonrisa trazada en mis ojos.

Ella regresa una mirada cómplice. No dice nada más.

Entonces yo entiendo… y tampoco respondo nada. Me arropo, me callo, cierro los ojos. Ahora, sólo pienso: "debo ir al gimnasio mañana, no hace falta tanto vilipendio de mi parte"

enero 17, 2012

poema interrumpido, lisiado, (im)pedido

Acorralado entre la ciudad y la tristeza,
por estar lejos del ser querido.
Los ojos se me cierran
por rara vez de sueño y no de

diciembre 18, 2011

Los rincones de la memoria son más peligrosos de lo que imaginé. Y no sólo hablo en un sentido metafórico (el cual también es cierto). Me refiero además a un sentido más objetivo.

Pero no quiero hablar aquí de los sustos y armas que de repente, sin razón ni motivo, aparecen en las calles de Caracas (una vez más: no hablo sólo en sentido denotativo, sino también connotativo).

No digo a otros, sino para decirme mejor:

"Espera y deseo se ablandan cada vez más y más, y me acunan y acarician igual que a un niño. Y la esperanza extiende su cielo sobre mí, y una imagen, su imagen, pasa vagamente por el espacio, como la Luna, a veces cegándome de luz  y a veces cegándome de sombras" (Kierkegaard, Diario de un seductor)

Volvemos entonces a aquel tema de la gota de agua que no termina de caer y… vaya que no cae. Supongo que intentaré dejar de ser la gota, para convertirme en la asceleración de gravedad: sin más motivo que la masa para hacerse fuerza.

Cuántas ganas locas de ignorar tanto peligro y quedarme… qué interés súbito en girar mi brújula del tiempo una vez más.

Pero sé que es poco asertivo, e incluso suicida… ¿o no?

Es incluso producto de espejismos y de deseos que se burlan disfrazándose de realidad.

Nada más para decir, nada más para pensar.

Ya no quiero (puedo) más.

diciembre 06, 2011

llarriak

Estaba saliendo de la universidad. Pensaba en lo injusto que habían sido mis comentarios y en lo banal que pueden llegar a ser las apreciaciones de otras personas (y por banal no quiero decir poco importantes, sino fuera de lugar, incongruentes y por tanto, insustanciales) porque las alimenta nuestra limitada visión que sólo ve lo que está justo en frente de los ojos.

La cosa es que mientras caminaba, algunos trabajadores podaban las matas que adornan las cercas moradas de la entrada a los edificios. Primer pensamiento: pobre gente… trabajar un sábado a las siete de la madrugada, debería ser penalizado… Seguro dejaron a sus familias solas, ¿dónde vivirán, serán felices? ¿Sabrán que hay cosas mejores?… ¿de verdad hay cosas mejores?

Segundo pensamiento: ¡que rico huele el monte recién cortado!… es un olor líquido, opaco, pesado y denso. Sin embargo, es gratificante.

Acto seguido: el olor que tanto me agradó, jaló de mi mano hasta llevarme a los rincones de la memoria… ese sitio que es tan cruel como acogedor. Esta vez, no obstante, fue muy amable conmigo. Diría Ulalume que repasé los pasajes enciclopédicos de la infancia.

Y tienen que ver con aquel entonces cuando visitábamos mi papá, mi abuela y yo la tumba de mi bisabuela Abigaíl para podarla y mantenerla bonita. Justo ahora me doy cuenta de todas las concepciones de la muerte (y de la soledad) que empecé a construir en ese momento.

No recuerdo con exactitud con qué frecuencia visitábamos el lugar. Intento adivinar que era cada fin de semana, o al menos, dos fines de semana de cada mes. Mi abuela llevaba consigo una máquina para podar que funcionaba con baterías (cargadas desde el día anterior) que tenía forma de plancha de ropa y cuyo uso era similar: sólo había que pasar la máquina por el césped para que éste quedara parejo y bonito. También llevaba consigo una regadera de jardinería que llenábamos en un grifo cercano al sitio de la fosa; y por último, una especie de alimento esferoidal para el césped  que recuerdo color verde muy claro.

Antes de llegar al cementerio, comprábamos un arreglo de flores para dejarlo sobre la tumba hasta la siguiente oportunidad. De manera que llegábamos, estacionábamos el coche, cargábamos con todo y caminábamos cierta distancia hasta llegar a nuestro objetivo. Ahí mi papá se encargaba de pasar la máquina por el césped (fuente del olor que ocasionó todo este viaje al pasado), de cambiar las flores viejas, de esparcir el alimento por toda la superficie del césped, de regar el césped y de esperar a que mi abuela terminara sus parlamentos de oraciones y a que se secara las lágrimas que siempre escapaban de sus ojos.

Yo debo admitir que hacía muy poco. Generalmente iba a llenar la regadera con agua. Pero la mayoría de las veces me divertía leyendo las inscripciones que habían sobre cada lápida. También comparaba de qué estaba hecha una y otra, e incluso comparaba el estado de las tumbas que (como la nuestra) eran visitadas con frecuencia y las que estaban secas, amarillas y desoladas.

 De vez en cuando me quedé a observar la llegada de un nuevo huésped. Recuerdo que colocaban una especie de tienda alta sobre el lugar del entierro. Se abarrotaba de gente vestida de negro y de coronas de flores con inscripciones en escarcha que rezaban mensajes de anhelo. El sacerdote leía cosas que nunca entendí y salpicaba con instrumentos chistosos agua sobre las urnas.

Tengo que resaltar que de todo esto, lo que más me causó misterio, o atención, eran las tumbas sobre las que habían colocado juguetes y pequeños molinitos de viento que giraban con ritmo apaciguado y cuyos colores brillaban a la luz del sol. Hice la misma pregunta mil veces:

-¿Por qué esas tienen juguetes encima?, ¿es para que el muerto no se aburra?
-No hijo… es porque esas son las tumbas de niños.


Y claro que corría por todas leyendo de qué se trataba luego de que mi abuela me gritara que no corriera sobre ellas, sino alrededor. Algunas hacían especificaciones de cómo murió, o cuántos años tenía… pero todas tenían en común que estaban muy bien adornadas y cuidadas.

Fotografía real del Cementerio del Este (Caracas, Venezuela)

Al salir del cementerio siempre comprábamos cocada (con mucha leche condensada y canela para mí) y aguas de coco naturales para mi papá y para mi abuela…

Ahora bien… hoy en día nunca vamos a visitar la tumba de mi bisabuela. Supongo que con el tiempo, se ha convertido en una de aquéllas desoladas y amarillas, sin flores en el hueco de la lápida diseñado para albergarlas. Me pregunto... más bien, creo… que eso pasa con la gente: la frecuentamos, y le damos detalles (cabe destacar que como muertos, ellos a veces no lo notan) pero de repente dejamos de estar cerca y se daña nuestro sitio juntos… aunque siga ahí, desolado, triste y sin menciones.

Es curioso cómo podemos frecuentar más a un muerto que a nosotros mismos. Creo que al final los difuntos que gozan de este privilegio (que sus familias visiten sus tumbas) nunca mueren completamente.

Un día pregunté que por qué dejamos de ir. La respuesta fue que contrataron a una empresa que ahora se encarga de realizar el mantenimiento. Una vez más: igual pasa con los vivos. Dejamos de cuidar nuestro espacio con alguien, y otra persona llegará a ocupar esas dinámicas que una vez tú protagonizaste.

Here is the issue. Todos estamos muertos, todos estamos en tumbas contiguas. Y la gente (por períodos) cuida nuestro lecho, nos traen flores en forma de palabras que dicen lo que uno quiera que digan, y entonces nuestro césped es verde y bonito.

Mi tumba imaginaria, sin embargo, es una de aquéllas amarillas. El mejor pensamiento que puedo tener es que… eventualmente en mi vida pediré ser cremado. Primero, para que nadie sienta la preocupación de visitar el sitio donde esté enterrado mi cuerpo; y segundo, para que nunca nadie me deje de visitar porque simplemente no habrá nada qué visitar, el césped no será amarillo porque nunca existirá. Supongo que al final, nada de eso importa.

En pocas palabras: cuando muera, deseo desaparecer completamente.

noviembre 23, 2011

nuestro amigo johnny

Hoy me sorprendieron en la mañana los mensajes de mi amiga Andrea. En ellos me habló, entre otras cosas, de Johnny (o Johnnhy, Jhonyh… sólo Dios y él saben cómo está deletreado su nombre en el acta de nacimiento y en la cédula de identidad). El hecho es que Johnny (como yo he decidido llamarlo en este escrito) es el conserje del colegio donde pasé el 80% de mi vida, y por ende, donde ocurrió Aquéllo.

Al parecer, Andrea, quien estudió conmigo en ese claustro académico, recientemente vio pasar al susodicho conserje cerca de su casa y no pudo detener la carcajada que salió corriendo de sus labios al recordarse de todas las divertidas bromas que hacíamos acerca del humilde señor.

Johnny es, a los ojos de todos los que en la vida pasamos por las aulas del San Agustín: el que tiene las llaves de todos los rincones, el que sabe dónde está guardado todo, el que uno ve todos los días, el que tiene la maravillosa capacidad de arreglar todo, el que es buscado por todos, el que participa (sine qua non) en todo, el que todo el mundo conoce, quien te saca de todos los apuros; en fin, todo un milagro. No existe una frase que describa a este señor que excluya la palabra "todo"…

Es además: amable, comprensivo, dispuesto, caritativo, ocupado, popular, espiritual.. es decir, toda una eminencia. Claro que no faltan las ocasiones en que lo buscas, lo buscas y lo buscas… pero el hombre seguramente anda en la resolución de algún problema que otra persona, como tú, previamente estuvo en su cacería por el mismo o más tiempo del que llevas intentando dar con su paradero. Sin embargo, por sobre todas las cosas, este inigualable señor es infinitamente chistoso.

Cuando lo ves en los pasillos (justo en esos momentos en que no te encuentras desesperado por su ayuda, porque de lo contrario, jamás te toparías con él tan naturalmente) y lo saludas con un amigable "¡Hola Johnny!", él responde con su único, adulado, ovacionado, aplaudido y esperado: "¿Mo tá?".

Y no se refiere a lo que muchos piensan, sino a su particular manera de decir "¿Cómo estás?" que, cabe destacar, dura medio segundo (tiempo suficiente para entender la frase bisilábica) y viene acompañado de una minúscula elevación de cabeza a manera de afirmación también bastante típica del famoso Johnny.

Sí… soy culpable… muchas veces repetimos el "¿Mo tá?" y lloramos de la risa por el asunto. Incluso recuerdo saludarlo sólo por el morbo de morir a carcajadas por su respuesta. Y tengo que decir que es impresionante cómo pasé 16 años en aquellos edificios, y este señor no sólo permanece invariable a través del tiempo, sino que saluda de la misma manera cada vez que diriges una frase inicial a su persona.

Este texto no pretende hacer mofa de Johnny. Todo lo contrario, es una fortuna tenerlo en mi memoria y que siga trabajando dentro de la institución que tanto me alimentó. Así que, donde quiera que estés mi querido Johnny, te deseo muchas cosas buenas para tu vida, y que de alguna forma estén retornando a ti todas las asistencias que nos prestaste y que resolvieron maravillosamente nuestras dificultades.

noviembre 03, 2011

descalzo

Bajo por la ciudad, perdido, solo, meditabundo, con una canción de fondo que repito y repito sin parar. Me justifico, (a mí no a mis acciones), apago el teléfono, pienso en el futuro, en el pasado, en el pasado futuro, en qué estará haciendo mi pasado en el futuro, en qué pensara mi pasado ahorita, pienso en las palabras.

No dejo de ver una escena en mi mente, un suscitador que llega de repente y solo, sin inicio ni final, sólo un intermedio, un diálogo que no sé por qué se dice, pero que igualmente se dice: "yo quiero que todos caminen descalzos por mi casa. Esa es mi tierra, y por mi tierra caminan las artes"

Es una mujer, joven que está visualizando su futuro hogar… limpio, acogedor, pequeño, y lo más importante es que todos al entrar dejan sus zapatos porque la condición es andar descalzos…. se lo explica a alguien, tal vez a un hombre, tal vez a sí misma o a su mejor amiga.

Justo en ese momento pasa una pareja a mi lado, en la oscuridad, tomados de la mano y ella le susurra algo al oído de él…. juegan, todo es un juego...

octubre 01, 2011

untitled ("lugar")

Ya no tengo espacio en mi habitación. Cuando entro, siento la calidez del apiñamiento. Es realmente terrible en días calurosos, pero casi un milagro cuando hace frío. La otra vez, cuando abrí la puerta, sentí una especie de rugido que me hizo retroceder violentamente unos cuantos pasos. No sé si yo soy una de las accidentadas cosas que forman parte de las repletas paredes, o si bien, no he arreglado un desorden que aumenta desde hace un par de meses. No tengo espacio en mi habitación, ya ni siquiera entra la luz, y las sombras logran colarse entre las fallas del silencio. Al ras del piso, entre una cosa y otra, hay lágrimas que se cayeron una a una mientras hacía lugar para mí mismo. También tengo cuadros colgados que rezan “no debes acostumbrarte nunca” y un espejo que ya no responde con reflejos. Debajo de la cama tengo las pesadillas que utilizo todas las noches, y en mi almohada pensamientos de soberbia tan pesados como el librero colmado de palabras ajenas. Tengo una vasija de corchos, y un portarretratos. Las estanterías las abarrotan fachas que uso a diario: los distintos yo que intento exponer al mundo entero. Tengo comida que no alimenta, utensilios que sirven para suicidarse y todos los ingredientes para preparar una cena a solas. También tengo agua, una lavadora y una mesa para sentarse a tomar café. Ya no tengo espacio en mi habitación y por eso, me pregunto, ¿ahora dónde guardo tanta soledad?

septiembre 26, 2011

We are not there yet

Describiré la escena: yo... buscando un pretexto más, cuando dispuesto estaba a entregarlo todo.

Yo, que pensaba que en mi inventario no tenía más que frases incompletas y un deseo que brillaba así de triste en los rincones oscuros. Y hoy tengo la certeza de que aquel inventario, no es más que una montaña de incongruencias desorganizadas y aventadas una sobre la otra sin la mínima noción de paciencia.

No digo que no haya esperado, ni mucho menos que no lo haya previsto.

Bueno: no hay discos rayados, o soledades inconexas. No...

Lo que hay es un baúl desesperadamente irritado por las palabras de una garganta repleta de arena. No hay nada para borrar.

Pensamientos que nacen entre las lechugas y las guayabas del supermercado, vulnerablemente vegetales al tiempo (viven dos semanas en la frialdad de mi mente).

Quiero tantas cosas, y tengo tan poco tiempo. Es incluso cruel la manera en que me atraviesa de inicio a fin. Solamente espero que no se me agote rápido. Tengo tanto miedo a encontrarme un día sin segundos, a reconocerme en el borde entre un minuto y el segundo: un lugar tan calmado, como minúsculo, como atropellado.

Es imposible comprimirlo más, porque en él solamente cabe pensar en la soledad.

En ocasiones (numerosas) me alcanza para pensar en la injusticia, y en los posibles "it's meant to be" que abarquen el concepto.

Me corté el cabello, dejé de escribir, leí un poco más, dije mis verdades, viví una nostalgia, me aferré a los recuerdos, tomé té, me creí celebridad, me proyecté, me observé y me borré.

¿Todo para qué?, para volver a conseguir esos intersticios que definen desde lo siniestro, que me hacen abrir mi mundo desde lo que no es.

Nada complejo, ni elaborado. A simple little kind of free.

Me esperan en la mesa unas palabras que seguramente no entenderé, pero que admiraré; cuando en la mente me gritan otras que no son mías, pero que he desgastado en la verborragia sus funciones y la mano que las escribiría.

Ojalá se pudieran robar las palabras, ojalá pudiera sentirlas mías. Aunque, de ser así, no creo que tendrían el mismo significado que yo espero.

Esperar.... qué mentira tan despiadada que nos da el tiempo.

Creo que tengo que practicar más ejercicios de olvido.

septiembre 22, 2011

obesidad



-¿Por qué está tan pesada tu mochila? te va a salir una hernia.



-Ya tengo una... en el corazón, por andar cargando sentimientos muy fuertes.



septiembre 14, 2011

autor(re)trato



y no termina de caer...






agosto 02, 2011

sin título

Pídoles que reproduzcan la canción y lean el texto a la par de la música. *m



-¿Alguna vez has lanzado un sonido al mar?

-Mmmmm… no

-¿Te lo imaginas? Yo a veces dejo que la imaginación me lleve allí.

-¿Cómo es entonces… un sonido en el mar?

-Es como… no dejar de crecer.

Son fuerzas que atraen y expulsan al mismo tiempo.

Aunque… no existe la tensión, la corriente te relaja en el vibrar de la nostalgia.

Es libertad: expandirse sin dañar a nadie.

Es diluirse sin perderse en la inmensidad, saberte gigante y aún reconocerte vulnerable.

Luego percatas que existen distancias infinitas entre tú y el mundo. Pero no te importa, eres capaz de recorrerlas todas una y otra vez con tal de tocar cada espacio de tu cuerpo.

Habitas tus emociones, logras ver cómo el tiempo se hace espeso y delicado.

Trasciendes y migras de velocidades.

La mirada, se vuelve diminuta… tanto, que cabe en una gota de ti.

Y llega un momento, en que ya no eres nadie, sino una corriente de pretextos.

Nada importa, nada existe. Te conviertes en frecuencias pausadas, arítmicas, como el parpadeo de los ojos.

Sientes que tu cabello se estira sin dañarte, y te acaricia al roce con tu piel que ahora es marea: despiadada, rebelde y robusta; pero natural, distraída y pueril.

-¿Y el corazón?

-El corazón deja de latir…

El corazón cambia de nombre a profundidad fría, oscura, tenue. Pero no mala, más bien: melancólica.

Se vuelve ausencia, deja de esperar.

Y en ese silencio del no estar, es en el que vive el sonido que lanzaste. En ese espacio que no es... vives tú.

-y... ¿de qué color es?

-Blanco… y negro.