Si desear estuviese prohibido,
si desear fuese tan malo
como para este fugitivo,
no podría desear más de lo que pido:
que destruyas, cobarde,
mi corazón baldío.
Esto que leen es, en resumen, la ceguera trágica que definitivamente no me deja hacer las cosas bien, la fijación morbosa de ser artista, un niño que mira una gotita de agua que no termina de caer.
octubre 16, 2011
octubre 01, 2011
untitled ("lugar")
Ya no tengo espacio en mi habitación. Cuando entro, siento la calidez del apiñamiento. Es realmente terrible en días calurosos, pero casi un milagro cuando hace frío. La otra vez, cuando abrí la puerta, sentí una especie de rugido que me hizo retroceder violentamente unos cuantos pasos. No sé si yo soy una de las accidentadas cosas que forman parte de las repletas paredes, o si bien, no he arreglado un desorden que aumenta desde hace un par de meses. No tengo espacio en mi habitación, ya ni siquiera entra la luz, y las sombras logran colarse entre las fallas del silencio. Al ras del piso, entre una cosa y otra, hay lágrimas que se cayeron una a una mientras hacía lugar para mí mismo. También tengo cuadros colgados que rezan “no debes acostumbrarte nunca” y un espejo que ya no responde con reflejos. Debajo de la cama tengo las pesadillas que utilizo todas las noches, y en mi almohada pensamientos de soberbia tan pesados como el librero colmado de palabras ajenas. Tengo una vasija de corchos, y un portarretratos. Las estanterías las abarrotan fachas que uso a diario: los distintos yo que intento exponer al mundo entero. Tengo comida que no alimenta, utensilios que sirven para suicidarse y todos los ingredientes para preparar una cena a solas. También tengo agua, una lavadora y una mesa para sentarse a tomar café. Ya no tengo espacio en mi habitación y por eso, me pregunto, ¿ahora dónde guardo tanta soledad?
septiembre 26, 2011
We are not there yet
Describiré la escena: yo... buscando un pretexto más, cuando dispuesto estaba a entregarlo todo.
Yo, que pensaba que en mi inventario no tenía más que frases incompletas y un deseo que brillaba así de triste en los rincones oscuros. Y hoy tengo la certeza de que aquel inventario, no es más que una montaña de incongruencias desorganizadas y aventadas una sobre la otra sin la mínima noción de paciencia.
No digo que no haya esperado, ni mucho menos que no lo haya previsto.
Bueno: no hay discos rayados, o soledades inconexas. No...
Lo que hay es un baúl desesperadamente irritado por las palabras de una garganta repleta de arena. No hay nada para borrar.
Pensamientos que nacen entre las lechugas y las guayabas del supermercado, vulnerablemente vegetales al tiempo (viven dos semanas en la frialdad de mi mente).
Quiero tantas cosas, y tengo tan poco tiempo. Es incluso cruel la manera en que me atraviesa de inicio a fin. Solamente espero que no se me agote rápido. Tengo tanto miedo a encontrarme un día sin segundos, a reconocerme en el borde entre un minuto y el segundo: un lugar tan calmado, como minúsculo, como atropellado.
Es imposible comprimirlo más, porque en él solamente cabe pensar en la soledad.
En ocasiones (numerosas) me alcanza para pensar en la injusticia, y en los posibles "it's meant to be" que abarquen el concepto.
Me corté el cabello, dejé de escribir, leí un poco más, dije mis verdades, viví una nostalgia, me aferré a los recuerdos, tomé té, me creí celebridad, me proyecté, me observé y me borré.
¿Todo para qué?, para volver a conseguir esos intersticios que definen desde lo siniestro, que me hacen abrir mi mundo desde lo que no es.
Nada complejo, ni elaborado. A simple little kind of free.
Me esperan en la mesa unas palabras que seguramente no entenderé, pero que admiraré; cuando en la mente me gritan otras que no son mías, pero que he desgastado en la verborragia sus funciones y la mano que las escribiría.
Ojalá se pudieran robar las palabras, ojalá pudiera sentirlas mías. Aunque, de ser así, no creo que tendrían el mismo significado que yo espero.
Esperar.... qué mentira tan despiadada que nos da el tiempo.
Creo que tengo que practicar más ejercicios de olvido.
Yo, que pensaba que en mi inventario no tenía más que frases incompletas y un deseo que brillaba así de triste en los rincones oscuros. Y hoy tengo la certeza de que aquel inventario, no es más que una montaña de incongruencias desorganizadas y aventadas una sobre la otra sin la mínima noción de paciencia.
No digo que no haya esperado, ni mucho menos que no lo haya previsto.
Bueno: no hay discos rayados, o soledades inconexas. No...
Lo que hay es un baúl desesperadamente irritado por las palabras de una garganta repleta de arena. No hay nada para borrar.
Pensamientos que nacen entre las lechugas y las guayabas del supermercado, vulnerablemente vegetales al tiempo (viven dos semanas en la frialdad de mi mente).
Quiero tantas cosas, y tengo tan poco tiempo. Es incluso cruel la manera en que me atraviesa de inicio a fin. Solamente espero que no se me agote rápido. Tengo tanto miedo a encontrarme un día sin segundos, a reconocerme en el borde entre un minuto y el segundo: un lugar tan calmado, como minúsculo, como atropellado.
Es imposible comprimirlo más, porque en él solamente cabe pensar en la soledad.
En ocasiones (numerosas) me alcanza para pensar en la injusticia, y en los posibles "it's meant to be" que abarquen el concepto.
Me corté el cabello, dejé de escribir, leí un poco más, dije mis verdades, viví una nostalgia, me aferré a los recuerdos, tomé té, me creí celebridad, me proyecté, me observé y me borré.
¿Todo para qué?, para volver a conseguir esos intersticios que definen desde lo siniestro, que me hacen abrir mi mundo desde lo que no es.
Nada complejo, ni elaborado. A simple little kind of free.
Me esperan en la mesa unas palabras que seguramente no entenderé, pero que admiraré; cuando en la mente me gritan otras que no son mías, pero que he desgastado en la verborragia sus funciones y la mano que las escribiría.
Ojalá se pudieran robar las palabras, ojalá pudiera sentirlas mías. Aunque, de ser así, no creo que tendrían el mismo significado que yo espero.
Esperar.... qué mentira tan despiadada que nos da el tiempo.
Creo que tengo que practicar más ejercicios de olvido.
septiembre 22, 2011
obesidad
-¿Por qué está tan pesada tu mochila? te va a salir una hernia.
-Ya tengo una... en el corazón, por andar cargando sentimientos muy fuertes.
Etiquetas:
gotita de agua,
tiempo
septiembre 14, 2011
agosto 05, 2011
me quiero borrar
Y mientras escribo esto, quiero borrar poco a poco las palabras que no dicen nada
Y mientras escribo esto, quiero borrar poco a poco las palabras que no dicen
Y mientras escribo esto, quiero borrar poco a poco las palabras que no
Y mientras escribo esto, quiero borrar poco a poco las palabras que
Y mientras escribo esto, quiero borrar poco a poco las palabras
Y mientras escribo esto, quiero borrar poco a poco las
Y mientras escribo esto, quiero borrar poco a poco
Y mientras escribo esto, quiero borrar poco a
Y mientras escribo esto, quiero borrar poco
Y mientras escribo esto, quiero borrar
Y mientras escribo esto, quiero
Y mientras escribo esto
Y mientras escribo
Y mientras
Y
Y mientras escribo esto, quiero borrar poco a poco las palabras que no dicen
Y mientras escribo esto, quiero borrar poco a poco las palabras que no
Y mientras escribo esto, quiero borrar poco a poco las palabras que
Y mientras escribo esto, quiero borrar poco a poco las palabras
Y mientras escribo esto, quiero borrar poco a poco las
Y mientras escribo esto, quiero borrar poco a poco
Y mientras escribo esto, quiero borrar poco a
Y mientras escribo esto, quiero borrar poco
Y mientras escribo esto, quiero borrar
Y mientras escribo esto, quiero
Y mientras escribo esto
Y mientras escribo
Y mientras
Y
agosto 02, 2011
sin título
Pídoles que reproduzcan la canción y lean el texto a la par de la música. *m
-¿Alguna vez has lanzado un sonido al mar?
-Mmmmm… no
-¿Te lo imaginas? Yo a veces dejo que la imaginación me lleve allí.
-¿Cómo es entonces… un sonido en el mar?
-Es como… no dejar de crecer.
Son fuerzas que atraen y expulsan al mismo tiempo.
Aunque… no existe la tensión, la corriente te relaja en el vibrar de la nostalgia.
Es libertad: expandirse sin dañar a nadie.
Es diluirse sin perderse en la inmensidad, saberte gigante y aún reconocerte vulnerable.
Luego percatas que existen distancias infinitas entre tú y el mundo. Pero no te importa, eres capaz de recorrerlas todas una y otra vez con tal de tocar cada espacio de tu cuerpo.
Habitas tus emociones, logras ver cómo el tiempo se hace espeso y delicado.
Trasciendes y migras de velocidades.
La mirada, se vuelve diminuta… tanto, que cabe en una gota de ti.
Y llega un momento, en que ya no eres nadie, sino una corriente de pretextos.
Nada importa, nada existe. Te conviertes en frecuencias pausadas, arítmicas, como el parpadeo de los ojos.
Sientes que tu cabello se estira sin dañarte, y te acaricia al roce con tu piel que ahora es marea: despiadada, rebelde y robusta; pero natural, distraída y pueril.
-¿Y el corazón?
-El corazón deja de latir…
El corazón cambia de nombre a profundidad fría, oscura, tenue. Pero no mala, más bien: melancólica.
Se vuelve ausencia, deja de esperar.
Y en ese silencio del no estar, es en el que vive el sonido que lanzaste. En ese espacio que no es... vives tú.
-y... ¿de qué color es?
-Blanco… y negro.
Etiquetas:
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